En la red está explotando el tema de las intimaciones a las personas que bajaron música desde internet en la Argentina y el proyecto de Ley impulsado por el diputado por el Frente para la Victoria (Kirchnerismo, bah) Claudio Morgado de implementar un canon a los aparatos capaces de realizar copias de audio e imagen y a los Cd y DVD vírgenes.
Todo esto lo que refleja es antes que nada una situación de crisis de la industria discográfica tal como la veníamos conociendo hasta hace unos pocos años. Los tiempos cambian, los medios cambian, las maneras de acceder a la música y descubrirla cambian y las discográficas están tardando en encontrar una solución y una adaptación a estas nuevas épocas. Por eso, mientras tanto, avanzan con respuestas represivas para intentar frenar un comportamiento que, ellos ya lo saben, ya es irreversible.
Pero a mí en todo esto hay algo que me hace ruido: el fanatismo por oponerse a cualquier alternativa legal de acceder a la música. Quiero decir: hay que aceptar que los tiempos cambiaron y los gordos directivos discográficos deberán admitir que los índices de ganancia ya no son lo que alguna vez supieron ser (ni hablar de que me parece una pelotudez calificar a todos de piratas), pero también hay que reconocer que si hay leyes que protegen la propiedad intelectual y que si hay un mecanismo a través del cual se graba, se imprime, se difunde, se distribuye y se vende, hay que ver qué se hace con él para adaptarlo a los nuevos modelos de comercialización que están naciendo, fruto de los cambios tecnológicos que alguna vez posibilitaron su desarrollo y que hoy atentan contra su existencia. ¿Este sistema tiene que desaparecer? Tal vez, pero lo hecho hasta acá está protegido por la ley y tiene dueño. Y nadie va a regalarlo asi nomás. Ni hay razones para suponer que eso debería ser así.
Desde hace unos años se abrió una puerta por la cual todos empezamos a pensar que todo lo que hay en internet es libre de acceso y sin dueño, razón de mas para quedármelo, compartirlo y exhibirlo. Pero es una visión simple de las cosas: pues detrás de una canción, siempre hay alguien que invierte en ella, ya sea porque disfruta hacerla por placer, ya sea porque quiere llegar a mucha gente o ya sea porque quiere ganar dinero. En este punto, el debate se traba irremediablemente: los que creen que se puede bajar todo porque es su derecho por un lado, contra los que creen que al tratarse de productos protegidos, ésto no se puede hacer.
Siempre creí que la ley debía adaptarse a los cambios sociales, cuando éstos no generen una práctica detestable o causante de problemas mayores. Es decir, porque haya crecido el número de personas que no usan el cinturón de seguridad en los autos, no me parece razonable legalizar esta práctica. Es este complejo tema de la música y los discos, creo que hace falta un equilibrio que implicaría un cambio en todas las partes involucradas: hay que aceptar que el negocio cambia y que uno puede querer grabar y regalar su música en la web (algo que la legislación argentina prohíbe, ya que áun en este caso el autor debería pagar aunque sea un mínimo a Sadaic) o que se haga necesario pagar por escuchar algo que me interesa. O que yo sea capaz de acceder a música para uso exclusivamente personal y sin fines de lucro.
Nosotros los usuarios, estamos a merced de varios factores. No hay discográficas creativas que nos atrapen con tentadoras opciones (ya lo dijimos: ellos fijan los precios dolarizados en que se venden los temas digitales legales en el país), no hay músicos comprometidos con el problema, no hay un Estado que regule la red o que genere reglas de juego claras, no hay legisladores capaces de enfrentar el lobby de las multinacionales para idear un plan nuevo (esto corre para todos los diputados y senadores del mundo) y mientras tanto, seguimos en una lucha de perseguidores y perseguidos que no lleva a nada. Caerán algunos y se los castigará para imponer el ejemplo, pero ya se encontrará la nueva forma de burlar el brazo represivo. La ley del canon es, en este sentido, otra medida rapaz y represiva sin buenos fundamentos, a mi entender.
Quizás suene impopular que crea que la descarga de música desde la web no es un derecho sino una práctica. Que acepte que la música tiene dueño (es decir, hay alguien que es el titular legal de un fonograma), aunque ellos me parezcan mas de una vez gente detestable y codiciosa. Creo que la presión que hay que ejercer es para generar canales en los que se reconozcan los cambios en el modelo y se busquen alternativas capaces equilibrar las cosas. La tecnología cambia y con ella muchas costumbres, y es un ejercicio de supervivencia tan darwiniano como capitalista adaptarse a estos cambios. Si la música tiene que ser gratis, que entonces también lo sea todo lo que viene con ella. Si así se genera que los creadores ganen mas y sean capaces de crear mejor, entonces vayamos hacia allá. Pero en ese caso, aceptemos que la calidad de audio, o de presentación, estará sujeta a lo que cada uno sea capaz de invertir en ella sabiendo cuál será su ganancia posible.
Mas info para el debate:
http://www.noalcanon.org/
"Y vos .. de qué lado estás?", nota en Rollingstionela.com
http://www.uberbin.net/
"No al canon ¿y a qué sí?", en Mundo Binario
miércoles 6 de febrero de 2008
Apuntes sobre el derecho a bajar música
Publicado por
Herbie
en
6:10
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